El costo invisible de la vocación: 5 realidades impactantes sobre la salud mental veterinaria 

1. La profesión soñada y la realidad

Desde fuera, ser veterinario parece un trabajo ideal. Amor por los animales, vocación y gratitud de los tutores. Pero la realidad es distinta para muchos profesionales.

Existe una brecha entre esa imagen romántica y los datos reales sobre salud mental. En Australia, por ejemplo, el 20% de los veterinarios pensó en dejar la profesión en un solo año, presionados por deudas estudiantiles altas y salarios iniciales bajos

La presión no es solo económica. Genera un conflicto interno: Querer ofrecer la mejor atención posible y, al mismo tiempo, tener que sostener la rentabilidad de la clínica.

2. El perfeccionismo: Una fortaleza que puede volverse en contra

Muchos veterinarios son perfeccionistas. Esto eleva el nivel clínico, pero también aumenta la autoexigencia.

Cuando un caso no termina como se esperaba, el profesional no siempre lo vive como una limitación médica. Lo vive como un fracaso personal. Este rasgo, combinado con la exposición constante a la eutanasia y el acceso a fármacos letales, explica por qué las tasas de suicidio en veterinarios superan ampliamente a las de la población general

Nombrar esta vulnerabilidad es necesario para poder abordarla.

3. Los más jóvenes, los más vulnerables

No siempre son los veterinarios con más años quienes presentan mayor desgaste. Estudios muestran que el grupo más vulnerable es el de quienes llevan entre 3 y 4 años ejerciendo

¿Por qué?

  • Jornadas largas y turnos exigentes.
  • Sueldos que no compensan la responsabilidad.
  • Falta de mentoría y apoyo en decisiones difíciles.

En esta etapa muchos deciden si continúan o abandonan la profesión.

4. Burnout y fatiga por compasión: No son lo mismo

Es importante diferenciar dos tipos de desgaste.

Burnout:
Proviene de problemas estructurales. Exceso de trabajo, mala gestión, burocracia. Se manifiesta como agotamiento y cinismo.

Fatiga por compasión:
Nace de la exposición constante al sufrimiento animal. Genera insensibilidad emocional, pensamientos intrusivos o hipervigilancia.

Ambos pueden llevar a la despersonalización. A veces se interpreta como “fortaleza”, pero en realidad es un mecanismo de defensa que termina aislando al profesional

5. Del “estar bien” al bienestar integral

El bienestar no es solo sentirse bien. Es un proceso activo.

El modelo PERMA de Seligman propone cinco pilares: emociones positivas, compromiso, relaciones, significado y logros. Aplicado a la veterinaria implica:

  • Celebrar aciertos, no solo señalar errores.
  • Reducir burocracia para reconectar con la medicina.
  • Crear redes de apoyo.
  • Recordar el propósito sanitario de la profesión.
  • Reconocer cada avance clínico.

Además, hábitos como dormir bien, establecer límites con clientes y hacer pausas activas no son lujos. Son necesidades reales

Hacia una práctica más sostenible

Las cifras son claras. En Ecuador, el burnout alcanza el 52%. En España llega al 75%. La pregunta ya no es si debemos actuar.

Esto ya no es un tema individual. Es un desafío estructural que requiere datos, escucha y acción colectiva. La pregunta es: ¿Qué cambio concreto podemos empezar hoy para proteger a quienes cuidan de los animales? Iniciativas como el Mapa de Bienestar Veterinario buscan precisamente visibilizar esta realidad y transformar experiencias individuales en información que impulse cambios reales en la profesión. Tu voz también forma parte de esta conversación.